ILAN

🌿Ilan🌿

En el viento, sobre los montes, bajo el cielo, sobre un río, un estanque, un sendero, volaba Ilan. Invisible como la tristeza del otoño, fragante como el aroma de los campos en verano, ella volaba y, a veces, se detenía a caminar para deslizarse sobre la tierra mojada mientras se imaginaba a su mamá. Aunque muy pocos lo saben —es decir, solo los árboles, los animales…¡ah, y el aire!— ella es hija pura de Leucótoe (ninfa griega, hija de Órcamo y Eurínome).}
 
Leucótoe, tras convertirse en un árbol de incienso, a causa del descubrimiento de su amorío con Helios, se encontraba desolada y, a veces, sin fuerzas, sin hojas… Un día de abril, brotó de sí una hermosa flor, no se explicaba su origen puesto que, se supone, no debería de germinar flores, sino dar ramas. Cada día el capullo de dicha flor iba desprendiéndose poco a poco, hasta que por fin culminó y abriéndose entre los pétalos surgió una hermosa jovencita vestida con flores e impregnada de raíces en su piel y con alas de cuervo en la espalda. Inmediatamente brotaron hojas de Leucótoe y con ayuda del viento le otorgó el don de la invisibilidad para que se protegiera de todos aquellos que pudiesen hacerle daño.

 —Cuidado, mi querida Ilan —escuchaba decir del viento casi susurrante—. Recuerda que eres una criatura notable y con raros poderes que poco a poco descubrirás. 

La pequeña caminó y caminó muy al sur de su origen, donde la tierra comienza a desvanecerse antes de que las aguas del océano choquen con otros mares, generando un incesante vaivén colosal. Se detuvo a descansar un rato entre los altos árboles que la rodeaban, para que al día siguiente pudiera abrir sus alas y ascender al cielo. Algo en el fondo le decía que estaba hecha para hacer frente a las adversidades y aprender cosas nuevas como lo es el volar… 

Cuando la aurora comenzaba a dar colores, se despertó y quedo anonadada al ver cuánta belleza se podía apreciar en un amanecer. Sin notarlo, sus alas desprendieron el vuelo solas e intentaron alcanzar las nubes, aunque les fue imposible. Desde arriba pudo ver grandes cosas y tomar dirección de su vida; pues al elegir el camino de su vuelo también escogió el camino de un mundo llenos de vivezas…

Incesante volaba en dirección al bosque del encino, al llegar ahí bajó lentamente y, sin que nadie notara su presencia, terminó por concluir a pie, se dio cuenta de que el miedo o el asombro la había transformado en materia transparente; entonces, retomó su confianza y regresó a la normalidad. Avanzando a pasos grandes y precipitados pudo llegar a un árbol de ciruelos y se detuvo a comerlos; tenía mucha hambre así que tomó asiento entre la yerba frondosa y el respaldo del tronco. Pasaron unos minutos y escuchó el chirrido de un robín pidiendo ayuda, así que acudió de inmediato a su llamado, al llegar, notó que su ala estaba quebrada, al principio no supo cómo actuar, solo pedía la ayuda de los demás animales, pero al no recibir respuesta el viento le trajo una: 

 —Toca tu cuerpo, pide con el alma que se salve, y la raíces harán su trabajo, no lo olvides… Ilan—.

 No tenía otra opción, así que hizo caso y pidió con fuerza, al poco rato de hacerlo vio desprenderse como agua en el océano a sus raíces, estas se dirigían al ave en forma de espiral (algo así como la vía láctea), la cubrieron y al poco tiempo pudo recuperar el vuelo y las raíces regresaron a su posición. 

 Mientras las raíces hacían su labor, los demás animales permanecían encondidos tras los árboles, entre la yerba o tras las rocas. No querían acercarse porque desconocían a la forastera y le temían. Sin embargo, al ver sus grandiosos poderes poco a poco fueron aproximándose. Al llegar, penetraron su mirada en su piel, la observaban con atención y cada vez se asombraban más porque no habían visto a alguien igual.

 —Hola, soy Ilan, hija del árbol de incienso. No vengo a molestarlos, solo quería descansar y algo de comer, pero escuché a este pajarito sufrir y tenía que hacer algo—

 En respuesta, los animales ofrecieron refugio para que se quedara, pero ella dijo que amaba la libertad de volar y ayudar a los demás. De cualquier manera, se quedó un momento para convivir, se despidió y les dijo: 

—La tierra es mi cuerpo. Estoy aquí; estoy en todas partes. No piensen que estoy debajo de la tierra o en lo alto del cielo, o sólo en las estaciones o del otro lado de las aguas. Todo eso es mi cuerpo. La verdad es que el mundo subterráneo, el cielo, las estaciones y las aguas son mi cuerpo. Estoy en todas partes, hasta en el aire, así que si necesitan ayuda no olviden decirle a la melodía de la vida y yo vendré al rescate—. 

 Ilan poseía, además de su gran encanto y atractivo, una larga longevidad, inteligencia y talento para hablar en lenguaje musical, animal y humano. Sus alas representaban el símbolo de la transformación, mientras que las raíces lo hacían posible. 

 Cuando alzó el vuelo, nuevamente, no sabía su ruta, aunque estaba segura que podía llegar a hacer cosas inefables con solo pedirlo de corazón. Voló bajo el mar intocable, cruzó grandes tierras hasta que llegó al templo de los seres puros “El templo de Sulibray”… Su alma se sumergió en una calidez absoluta al contemplar un lugar lleno de paz, así que se penetró en el intrínseco sitio donde, poco después, fue recibida por seres con la misma aura y el mismo corazón… 

Permanece allí desde entonces, aunque sale cada despertar para recorrer lugares dormidos y brindarles cualquier tipo de ayuda, con la esperanza de transformar al mundo en un lugar más humano… viviendo la vida de mejor manera, viviendo la vida con libertad y amor hacia los demás. 




Autora. Elizabeth Morales Arce

Comentarios

  1. ¡Hola Elizabeth! Te felicito por tu esfuerzo sistemático y creatividad. Excelente relato e historia redonda. Entrada bien ilustrada con las imágenes en distintos ángulos. Mencionas bellamente el instante mítico de la creación de la bestia. Con respecto al audio, lees bien, con sus debidas pausas y entonaciones. Nada más pon el nombre de tu bestia (título) más grande para hacerlo atractivo.

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