Érebo
Érebo
Era
más que evidente, que la humanidad estaba destruyendo de manera acelerada al
mundo, tanto sus recursos naturales, como la flora y fauna. Y fue un hecho que
a Atenea no le agradó para nada, después de considerarlo durante mucho tiempo,
sabía que tenía que hacer algo para detener a los mortales de llevar al mundo a
la extinción. No era algo difícil para ella saber que era exactamente lo que
tenía que hacer, pero se limitaba a llevarlo a cabo; intentó de muchas maneras
mostrarles a los mortales que aún podían salvar al mundo pero nada funcionaba,
se mostraban tan despreocupados del daño que estaban causando. Esto la llevó a
recurrir a la última opción que tenía para salvar al mundo, y en la punta del
monte Olimpo creó a Érebo, una bestia enorme, compuesta de los animales más
inteligentes y feroces de la tierra. Aquella bestia tenía cuerpo de serpiente
pitón, cabeza de cocodrilo y colmillos de tigre, sus dimensiones eran enormes,
de la cabeza a la punta, alcanzaba una longitud de aproximadamente cincuenta
metros. Érebo al ser una bestia creada por Atenea, heredó sus mismos poderes,
además de otras cualidades que Atenea le otorgó como invocar desastres
naturales con su llanto, su sangre era capaz de revivir a los muertos y poseía
una mirada que era capaz de llegar a los miedos más profundos de la víctima y
adoptar su forma antes de matarlo, y otro detalle es que no podía hablar con
nadie más que no fuera Atenea. La bestia fue creada con un único propósito,
destruir a la humanidad. Y aunque Zeus estaba disgustado con la decisión de su
hija, decidió no cuestionarla puesto que ella era la más sabia de todos los
dioses y siempre estaba en busca de la justicia.
Érebo
era demasiado grande y peligroso como para residir en el Olimpo, entonces
Atenea decidió enviarlo al inframundo, donde se resguardaría esperando el
próximo eclipse solar, ya que para Atenea, era mejor llevar a cabo el plan bajo
la oscuridad.
Tras
muchos meses de espera, Érebo emergió hacía el mundo y comenzó la destrucción
de la humanidad, los mortales estaban aterrorizados al ver a Érebo, los
petrificaba con la mirada y segundos después se convertían en polvo. Atenea
pensó que con una bestia no bastaría para terminar rápido con los mortales,
entonces mientras Érebo luchaba ferozmente contra los humanos, Atenea creó a
otra bestia, pero lo hizo de una manera más rápida a comparación de cuando hizo
a Érebo. A esta nueva bestia, idéntica a Érebo, la llamó “Khorne”.
Lamentablemente esa bestia no tenía la más mínima intención de seguir órdenes
de su creadora, se volteó en su contra y comenzó a atacar el Olimpo. Atenea,
conocida por ser de las mejores en batalla, no pudo luchar contra Khorne, la
dejó gravemente herida. Zeus enfureció al ver que su hija había sido atacada y
comenzó una batalla épica entre el rey de los dioses y una bestia con un poder
probablemente igual o superior al de él. El resto de los dioses, juntaron todas
sus fuerzas para acabar con él pero nada parecía funcionar. Atenea con su
último aliento, llama a Érebo para ayudar a destruir a Khorne. Érebo todavía no
terminaba de cumplir su misión pero aun así, la abandono para ayudar a Atenea.
Cuando él llega al Olimpo y ve muerta a su creadora, lanzó un llanto
desgarrador con el que fue capaz de crear un tornado inmenso. Estaba totalmente
furioso y cuando se va a enfrentar a Khorne, Zeus toma el cuerpo de su hija y la lleva a un lugar no tan lejano para
presenciar el enfrentamiento de las bestias, el resto de los dioses lo
siguieron para dejar a las bestias enfrentarse, además de que el Olimpo estaba
al borde de la destrucción. La batalla
entre estas bestias fue legendaria, al tener ambas el mismo nivel de poder, era
difícil derrotarse una a la otra, Khorne logró destrozar parte del cuerpo de
Érebo dejándolo inmovilizado, y justo cuando iba a dar su último ataque para
matarlo, Érebo logra entrar en los pensamientos de Khorne y adoptó la forma de
este, Khorne se distrajo por unos momentos y es lo que le dio ventaja a Érebo
para petrificar a Khorne, segundos después, Khorne se hizo polvo, y el tornado
desapareció. Pero Érebo estaba por morir también, con las pocas fuerzas que le
quedaban, logró arrastrarse hacia donde estaba Zeus. Inmediatamente, Zeus sabía
lo que tenía que hacer y acerca a su hija a Érebo, y a propósito este le deja
caer de su sangre directo a la boca de Atenea, y ella revive. A Érebo aún le
restaban unos minutos de vida y se sintió feliz de ver nuevamente a Atenea
viva, pero ella estaba devastada por ver que su bestia, la cual amaba tanto,
estaba muriendo, y para despedirlo reconoció el esfuerzo que él hizo por
restaurar el mundo y salvar a los dioses, fue así como Érebo muere. Y con el
tiempo los dioses logran restaurar el Olimpo, aunque a Atenea aun le preocupaba
dejar que la humanidad siguiera existiendo, decidió no intervenir más con algún
otro plan.
Elaborado por: Martínez Vélez María Fernanda.


¡Hola! El relato fluye y es atractivo, pero no le das la suficiente importancia al momento de la creación mítica de tu bestia con más detalle, intensidad y descripción. Las imágenes son buenas y la bestia convive con otros seres. No insertaste el audio de la narración. Te felicito por tu creatividad y gran esfuerzo.
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